Y para ver esta tragedia no hay que ir a la TV: a ella se va a soñar que todo es mejor y posible, a tener esperanza, a presentir justicia y finales felices, y si todo luce tan desalmado, mejor se va para otro canal. No basta con ser realistas, hay que reinventar la realidad, y en esa reinvención se crea la televidencia.
Demasiada ONU, poca cultura común del televidente. Lástima: era una buena promesa. Y bien por el esfuerzo. Una reflexión final: mientras contra la droga existe la DEA y todos los países invierten millones de dólares, y a las armas las alaban todos los sistemas de gobierno, contra la trata de mujeres solo existe una Oficina contra la Droga y el Delito de las Naciones Unidas. ¿Es más grave la droga que las armas y la trata de personas? En la moral de nuestro tiempo, sí. Por eso todo lo que se dice sobre trata de personas y explotación sexual es pura “promesa”.
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